22 de mayo de 2017

Saber vs.aprender. El principio del fin de la referencialidad opaca XV

De todos los que tengo, el primer recuerdo al que quise fue el de la imagen de mi Derbi roja apoyada en la acera de Amparito. Era 1987. 

Cuando quise al recuerdo de la imagen de mi Derbi roja apoyada en la acera de Amparito yo simplemente era y no quería ser nada.

Quise después -durante un rato- ser piloto; para ese deseo inventé una suerte de miopía. Quise entonces saber. Quise saber cosas, quise también saber querer. Quise a todas la personas que todavía quiero. Supe -queriendo- que algunas cosas se saben y otras simplemente se aprenden. 

Las cosas que se saben son belleza. El resto nunca he llegado a aprenderlas del todo porque simplemente no existen.

1 de marzo de 2017

Usted. Manual de alterayuda para incongruentes XXIII

Durante su paseo diario por el parque Usted decide dejar a su mujer. Como no sabe por dónde empezar -pues carece de motivos reales para hacerlo- Usted se sienta discretamente en el primer banco que encuentra. En lugar de pensar cómo lo va a hacer (pues tiene claro que no piensa hacer nada) Usted prefiere sacar un par de fotos del entorno y subirlas a redes sociales.

Usted -harto de sus propios asuntos- queda para cenar con su hermano. Durante la cena le comenta que está barajando la posibilidad de dejar a su mujer. Ante la sorpresa de éste, Usted añade que no es nada definitivo, que aún la quiere y que lo último que desea es hacerle daño. Aunque sabe que es mentira, que se trata de una decisión tomada, prefiere callarse y que sea su hermano el que se entretenga buscando los verdaderos motivos de la ruptura. Usted suscribe los motivos de su hermano mientras saca fotos de la comida. Usted regresa demasiado cansado a casa para hablar con su mujer.

Una semana después su mujer lo deja a Usted. Usted finge que le duele, no vaya a ser que ella pregunte y tenga que recordar los motivos que le dio su hermano.


Pasado un mes de su nueva vida Usted se pone a llorar durante su paseo diario por el parque. Como no sabe gestionar lo que le está sucediendo Usted se sienta discretamente en el primer banco que encuentra. Incapaz de sentirse mejor -y esta vez le importa- Usted decide prescindir de las redes sociales y de su hermano para acudir directamente al especialista.


Una vez allí -sentado frente a un espejo- el especialista le dice que no se preocupe, que llegados a este punto lo mejor es siempre cortar, pero que a Usted le llegará con arreglarse las puntas.

14 de enero de 2017

Tensiones superficiales. El principio del fin de la referencialidad opaca XIV

Los físicos llaman tensión superficial a eso que le ocurre a los líquidos cuando se resisten a asumir lo que entra en contacto con ellos sin la fuerza suficiente.

De un modo casi paralelo a los físicos existen las madres.

Las madres, las de todos, tienden a afirmar que sus hijos aprendieron a bucear mucho antes que a nadar.

A lo segundo hubo que enseñarles.

Sin duda la vida sería más fácil si las madres -como los físicos- hubiesen accedido a las motivaciones esenciales de los líquidos. 

2 de junio de 2016

Usted. Manual de alterayuda para incongruentes XXII

     Ante la inminente llegada del verano, usted ha oído que si quiere ser alguien tiene que hacer algo con esa barriga que ha ido alimentando a lo largo de todo el invierno. Usted ha visto también -en algún lugar- que cuando uno está realmente decidido a adelgazar tiene que mirarse triste en el espejo, adquirir la postura menos favorecedora posible(si puede desarrollar chepa mejor), levantarse la camiseta hasta la altura del pecho y agarrarse la grasa -sabrá localizarla con facilidad y sin necesidad de ayuda-, ponerse de frente y de perfil varias veces y farfullar algo del tipo: esto no puede ser, se me ha ido de las manos, esto es la cerveza, mañana me pongo. Hay que avanzar en progresión geométrica hacia un perfecto equilibrio entre el autoinsulto y el victimismo: ¡qué horror!, así no te va a querer nadie, das asco, mira qué culo, te quedarás solo para siempre. Acompañe todo eso de golpes en todas aquellas zonas que no le gustan y súbase al tren de la total pérdida de perspectiva. Cuando haya llegado al final de la pendiente deslizante -donde usted será de todo menos un ser humano- la angustia se convertirá en voluntad, y en ese preciso momento un mundo nuevo y perfecto aparecerá ante sus ojos, lo nunca visto ni imaginado en cuestiones de luz, color, playa y gente guapa, rubia y feliz. Y usted estará entre ellos siendo guapo, rubio y feliz, sentado en una terraza al sol, en una terraza al sol, sin barriga de perfil y -sobre todo- sin una preciosa cerveza. Sólo entonces sabrá que podía haberse ahorrado todo este proceso si hubiese sido consciente desde el principio de que existe una relación directa entre la felicidad extrema y una cerveza fría. Eso sí, siempre mejor al sol.

30 de marzo de 2016

Usted. Manual de alterayuda para incongruentes XXI

     Hoy usted no se encuentra bien, sospecha que se siente solo. En apariencia todo a su alrededor discurre dentro de la más estupenda normalidad. Como no sabe por dónde empezar, usted intenta explicar a su mujer lo que le ocurre. Finalmente usted no se explica porque no sabe hacerlo o porque en realidad no tiene nada que explicar. Su mujer le mira raro. Aunque no lo tiene muy claro, algo dentro de usted le dice que, aunque a priori pueda parecerlo, sentirse solo no es lo mismo que estar solo, pues definitivamente sentir y estar son cosas distintas. Debe por lo tanto -y antes de nada- profundizar en esa diferencia.

    Como buen novato en cuestiones de conocimiento interior usted comete el error de intentar ordenar su mundo recurriendo al diccionario de la RAE. No extrae conclusiones ni definitivas ni de ninguna otra naturaleza, simplemente confirma que la RAE no es una autoridad en materia existencialista. 

     Suponiendo erróneamente que la televisión tampoco lo es, usted decide irse a dormir. Pero irse a dormir resulta ser tan mala idea que usted se levanta de la cama dudando si ha dormido mal o simplemente no ha dormido nada. Mientras se viste usted se siente un fracasado, mientras desayuna se le pasa.

2 de marzo de 2016

Medir la verdad. El principio del fin de la referencialidad opaca XIII

"-¿Toda verdad es curva!- gritaba el enano de Zarathustra.
-¡Todo lo que se extiende en línea recta miente!-".

Así es cómo el enano de Zarathustra -el enano que se encuentra con Zarathustra, que no el propio Zarathustra que no es enano o no lo sabemos- trata de explicar la teoría del eterno retorno echando mano de la geometría clásica (vid. Euclides). 

Dada la actual y supuesta superación de la geometría euclidiana, nos vemos obligados -por el momento- a abandonar la cuestión del eterno retorno (con todas sus proyecciones morales) y limitarnos a descubrir en esta Realidad relativa cuál es el preciso milímetro en el que el enano de Zarathustra -el que se encuentra con Zarathustra, que no el propio Zarathustra que no es enano o no lo sabemos- empieza precisamente a ser un enano.

27 de febrero de 2016

Hágalo usted mismo (Manual de plagio) V. António Lobo Antunes

Sobre la colina los fuegos artificiales anunciaban el comienzo de la Fiesta Nacional y más allá siempre más allá, tras los árboles de la finca de los Gomes los jóvenes corrían al baile siendo felices -más jóvenes y más felices que nunca- cantando cogidos del brazo bajo los fuegos artificiales, precisamente el día en el que en casa estaba prohibido salir, y es que la Fiesta Nacional sucedía siempre más allá, tras los árboles de la finca de los Gomes y yo mientras tanto aquí, sentada en el banco de la cocina al lado de la abuela Rosa con sus manos perdidas en la lana y la labor -la misma lana y la misma labor- esperando a que se calentase la cena bajo los fuegos artificiales, a que se calentasen los jóvenes cogidos del brazo sobre las manos frías de la abuela Rosa, corriendo a mi lado hacia el banco de la cocina, tras la lana y la labor -la misma lana y la misma labor- que anunciaban el comienzo de la Fiesta Nacional precisamente el día en el que en casa estaba prohibido salir; y más allá siempre más allá, en la mirada perdida de la abuela Rosa, tras los árboles de la finca de los Gomes yo cantaba camino del baile, siendo feliz, más joven y feliz que nunca.

10 de junio de 2015

Hágalo usted mismo (Manual de plagio) IV. Gonçalo M. Tavares


1. La distancia entre dos puntos puede ser corta.


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2. O un poco más larga.


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3. Cuando la distancia es corta puede ser recorrida con facilidad.


4. Cuando la distancia es un poco más larga, lo mejor es recorrerla por etapas.


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5. Cuando la distancia es un poco más larga y es recorrida por etapas, ha de tenerse en cuenta la dimensión temporal.


6. El tiempo modifica el espacio.


7. Puede convertirlo en algo ligero.


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8. O en algo pesado.


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9. La distancia sostenida en el tiempo siempre se convierte en    lluvia.


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25 de mayo de 2015

Las cosas bonitas

    Como nunca sabe cuándo podrá recuperar la memoria, siempre me pide que le diga cosas bonitas justo antes de dormir. Aunque ambos sabemos que se trata de un error, yo la miro fijamente y le suelto la única cosa bonita que puedo regalarle a estas alturas: han sido tantas que ya no me queda ninguna.
     Sólo espero que algún día al despertar recuerde que esa única cosa bonita es -en el fondo- la más horrible de todas.

19 de mayo de 2015

Hágalo usted mismo (Manual de plagio) III. David Foster Wallace

  -La inversión de una frase metafísica sigue siendo una frase metafísica1- respondió el Sr. Cook.
    Mientras tanto, el Sr. Franklin, que intentaba permanecer de pie por todos los medios, se hurgaba la nariz discretamente en busca de una réplica en condiciones. El Sr. Cook, que sabía desde el primer momento que no hablaban de la misma cosa, se puso a ojear el periódico.
  -Dicen que la I.H.P.A. no tomará medidas ante la falta de suministros de laboratorio. Pararán la producción en un par de semanas. Quizás en menos de dos meses el cierre sea definitivo. Lo peor de todo es que el sindicato todavía no ha dado señales de vida. Será una lástima para los visitantes, no hay mucho más que hacer por aquí ahora. Esto se llenará de gente fea, de hombres repulsivos. Tú te has librado porque sabes jugar al tenis, pero yo tendré que permanecer aquí viéndolos pasar. A ellos y a sus hijas con pelo raro, incongruentes, sentadas en sillas al sol bebiendo una Coca-Cola tras otra. Coca-Cola con pajita, gafas de colores. Como si viviesen en los cincuenta y demasiado lejos de Massachusetts...
  -Bah, los hombres repulsivos no saben de metafísica... sólo conceden entrevistas a medios locales y se hurgan la nariz. Sudarán mientras gritan que éste es el lugar más horrible en el que han estado. No sabrán cómo acercarse a ti, te despreciarán desde lejos. Podrás juzgar su estilo de vida, su falta de gusto. Podrás escribir sobre ellos.
   -... y después ellas traerán a sus novios con nombres del tipo Cheese o Grope. Tendrán botellas de Wild Turkey y el suficiente LSD para no aburrirse. Y las manosearán mientras ellas se besan y me miran a través de sus gafas de colores. Pero sólo Mayfly lo hará fijamente, pensando que yo ya no puedo. Que yo ya no puedo y que el ajedrez no me ayudará a bajar unas bragas de American Apparel. Y yo sabré que soy mayor y ella no, sabré que todo es una broma infinita. Decidirá entonces quererme a ratos. Y los domingos iremos a Maine a comer langosta en el Corvette de su padre y todo será verde. Se lo enseñaré todo: que la inversión de una frase metafísica es una frase metafísica y que todavía puedo ser Cheese. O Grope.

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1 http://www.sandamaso.es/uploaded_files/3_heidegger_carta_sobre_el_humanismo.pdf

24 de abril de 2015

Hágalo usted mismo (Manual de plagio) II. Julio Cortázar



Instrucciones para ser Julio Cortázar.

Empiece por no tener dudas acerca del hecho de que usted es Julio Cortázar. Analice, no en exceso; haga el favor de escribir bien. Asuma -muy a su pesar- que asistirá a bellezas nunca vistas ni imaginadas.

Si su vida le resulta poco intensa para enfrentarse a la tarea que acaba de emprender, encuentre -intencionadamente y por casualidad- una Maga. Amaléele el noema cuantas veces le sea posible. Asegúrese después de que el niño -suyo o no, nadie sabe- muere. Hágase llamar Horacio. (Total libertad para la cuestión del apellido. Se recomienda Oliveira).

Cuando usted haya agotado esa vida demasiado intensa, busque refugio bajo la identidad de un tal Lucas. Desarrolle cabezas (mejor de siete a nueve según los autores y bestiarios consultables). Invente medidas de longitud amplias y variables que lo separen de su amada Margarita. Culpe a Osvaldo, su caracol preferido, de todos lo malo que le suceda. Si desespera con Osvaldo, siempre puede pasarse a las tortugas sin olvidar que son animales delicados. Algo tontos, no distinguen. Una lástima.

Cante si quiere, pero no por la nariz. Llore si quiere, pero teniendo en cuenta que la duración media del llanto es de tres minutos. Empéñese -siempre- en hacer las cosas a deshora. Diríjase ciegamente hacia el sur.

Y si todo esto no funciona porque la casa ya ha sido tomada, cómprese una pipa; tenga gatos. Pose. Haga que le roben unas cuantas fotos. Y sobre todo, no acepte nunca un reloj por su cumpleaños.

Asuma que, haga lo que haga, usted -nadie nunca- podrá ser Julio Cortázar. 

21 de abril de 2015

Hágalo usted mismo (Manual de plagio) I. Fernando Pessoa

I.

Una vez fui Alberto Caeiro.
Comprendía entonces
-con los ojos y no con el pensamiento-
que hay suficiente metafísica en no pensar en nada;
tenía sentidos, no una filosofía.
Tuve árboles y no ideas.
Yo -una vez y sin aldea-
fui el guardador de aquellos rebaños que nunca he tenido.


II.

Yo, que una vez fui Alberto Caeiro,
me convertí, sin quererlo, en Álvaro de Campos.
Yo nunca quise acercarme a Sintra sin abandonar Lisboa.
No quise pensar que tras la ventana de la cocina
aquella muchacha me imaginó feliz
-aún por un instante-
al volante de un Chevrolet prestado.


III.

Yo que ya no tengo árboles, tampoco ideas.
Yo que -por no haber estado-
nunca llegué a abandonar Lisboa,
sólo he conseguido conducir
-con merecida urgencia-
cada vez menos cerca de mí.


19 de febrero de 2015

Usted. Manual de alterayuda para incongruentes XX. (Innecesario homenaje a Deleuze)

Cansado de la desconfianza que su actitud vital (de clara tendencia salvajista) suele despertar entre sus conocidos, usted decide forjarse una opinión propia y aparentemente sólida. Aunque en principio cree que más le hubiese valido forjarse una buena espada, en los últimos meses usted ha conseguido por fin pasar desapercibido en círculos sociales de lo más variado. Como irremediable y desgraciado animal político, usted se ve obligado entonces a revisar, pulir y proclamar su opinión unas nueve veces al día. 
Aunque un poco agobiado inicialmente, usted descubre -después de un tiempo y tras su andamiaje de ideas claras y distintas- un mundo ordenado e insospechadamente confortable. Así, bajo su paraguas de opinión, usted considera que lo suyo ahora es sentarse y ver llover. Una vez ha visto llover y comprueba que no se ha mojado en absoluto, usted se aburre y decide hacer un agujero a su paraguas. Y ahí está usted, sentado, viendo llover, aguantando su paraguas e intentando hacerle un agujero; ahí está usted, aburrido, sentado, seco, viendo llover, haciendo el ridículo. Es entonces cuando usted, agotado, se da cuenta de que lo único que le queda es seguir haciendo el ridículo o pintar su paraguas.  
Todavía sentado y seco, usted confirma eso de que de la opinión procede la desgracia de los hombres. Usted sabe, que no opina, que esa desgracia se llama aburrimiento y que, para poder abrir un agujero en su paraguas, más le hubiese valido forjarse una buena espada.  

10 de diciembre de 2014

El peor de los mundos posibles. El principio del fin de la referencialidad opaca XII

Helena y Pablo se han conocido en el peor de los mundos posibles. Demasiado conscientes de ello, ambos deciden establecer los rasgos esenciales que constituyen el peor de los mundos posibles y poder asumir así la más horrible de las relaciones.

Para Helena, en el peor de los mundos posibles, todas las mujeres se llaman como ella y todos los hombres tienen su cara. Todos ellos se llaman Pablo.
Para Pablo, en el peor de los mundos posibles, todos los hombres se llaman como él y todas las mujeres tienen su cara. Todas ellas se llaman Helena.


Lo que todavía no han tenido en cuenta ni Helena -con su cara de Pablo- ni Pablo -con su cara de Helena- es que, en el peor de los mundos posibles, los cristales son siempre espejos.

8 de diciembre de 2014

Usted. Manual de alterayuda para incongruentes XIX

Un amigo le llama temprano para contarle el sueño que ha tenido. En el sueño, usted y su amigo ven una mosca blanca. Su amigo le pide que la mate. Usted mata a la mosca blanca. Como no sabe qué decir, no dice nada y cuelga el teléfono.
Dos horas más tarde usted sale a pasear. Mientras pasea, usted recuerda que tiene que comprar un regalo para su novia, el martes es su cumpleaños. Un vestido quizás. A su novia le gustan los vestidos. Definitivamente comprará un vestido.
Hay una tienda calle abajo en la que usted cree haber visto vestidos. Usted se detiene ante el escaparate; efectivamente hay vestidos.
Mientras usted trata de tomar una decisión -el verde estará bien- una mosca intenta atravesar el cristal y salir a la calle. Usted la observa, estúpida, golpeando una y otra vez el escaparate repleto de vestidos. Aunque sabe que no sucederá, a usted le gustaría que la mosca fuese capaz de pasar al otro lado, al suyo. Pero no sucederá sin un poco de ayuda.
Usted decide entrar. Tras ignorar los consejos del dependiente, usted compra el vestido verde; se lo envuelven -por suerte- en papel verde brillante. Justo antes de salir, usted concede una última oportunidad a la mosca, que sigue enfrascada en su empresa inútil. En un alarde de solidaridad, usted pega su mano al cristal y lo golpea una y otra vez. Lejos de los gritos del dependiente -que amenaza con llamar a la policía- usted continúa golpeando el cristal, convencido por fin de que podrá atravesarlo sin romperlo. De repente usted se encuentra al otro lado, tirado en la acera sosteniendo un paquete verde brillante. Hay una mosca blanca descansando en su mano. Usted, que sabe con exactitud qué ha sucedido, es consciente de que tiene que matarla. Presisamente ahora que por fin ha conseguido enseñarle a la mosca la salida del frasco.

24 de noviembre de 2014

Ensayar la ausencia. El principio del fin de la referencialidad opaca XI

Todavía hoy resulta difícil para mí hablar con precisión sobre la procedencia del cadáver sentado en el banco de la cocina. Cada vez que Nina preguntaba, papá me miraba como esperando una respuesta; una respuesta casi siempre distinta y siempre inventada. 
Dado el silencio de papá, Nina dejó de preguntarle a él y decidió interrogarme directamente a mí y sólo a mí. Y yo -que no sabía nada, que nunca supe nada en absoluto- aprendí a divertirme con la necesidad de dar cuenta de mi propia ignorancia sobre el origen de nuestro cadáver.
Cuando conocimos sus últimas voluntades, todos empezamos a temer el día de la muerte de papá, sobre todo Nina, que había aceptado cumplirlas y conocer por fin la verdad. Aunque alguno de nosotros debería haber evitado la tragedia, a ninguno -excepto a Mateo- le sorprendió encontrar el cuerpo de Nina balanceándose en una de las vigas del establo. 
Y con un nuevo cadáver sentado en el banco de la cocina y un nuevo silencio de papá, Mateo decidió preguntarme a mí y sólo a mí sobre el origen de nuestro segundo cadáver. Y yo -que sabía algo y no simplemente nada en absoluto- decidí dar cuenta de la muerte de Nina con una respuesta siempre distinta y casi siempre inventada.  

13 de noviembre de 2014

Usted. Manual de alterayuda para incongruentes XVIII

Usted es un hombre al que nunca le ha gustado pararse a razonar. Demasiado consciente de su condición, usted ha decidido vivir guiado únicamente por sus intuiciones. Usted sabe que su estilo de vida tiene infinitas ventajas, entre las que destaca la no-necesidad de analizar los inconvenientes. Y es que usted es, ante todo, un hombre intuitivo. La rapidez con la que usted es capaz de catalogar a los demás le ha permitido intuir -que no conocer y a quién le importa- a mucha gente distinta. Gente que es buena o mala, inteligente o no, aburrida o no; gente que es o no. En su claro y vertiginoso viaje a ninguna parte usted ha aprendido a imponer siempre lo que no quiere, sin saber exactamente lo que sí. A usted -que en su constante huida hacia delante siempre ha conseguido evitar lo feo que no es poco- quizás le hubiese gustado saber que la belleza normalmente camina de lado.

12 de noviembre de 2014

Sesenta y tres hombres fuertes. El principio del fin de la referencialidad opaca X

Desde el primer momento supimos que luchar no merecería la pena. Eran muchos y fuertes. Llegué a contar sesenta y tres. Sesenta y tres hombres, sesenta y tres hombres fuertes. Como nuestra resistencia resultaba inútil, nos limitamos a observar desde la colina. Eran tantos y tan fuertes que no necesitaron enemigo para el perfecto desarrollo de la batalla. Fue después de eso cuando decidimos volver.
Ahora -ya en casa- donde todo está perdido para nosotros, puedo recordar haber estado allí del mismo modo que los que sí han estado. Y esos paisajes reales se me presentan casi tan reales como los ficticiosY mis maestros que nunca serán maestros y los compañeros que no lo han sido nunca recuerdan haber estado allí del mismo modo que los que sí han estado. Como si hubiesen sido alguno de aquellos sesenta y tres hombres fuertes.

7 de noviembre de 2014

Usted. Manual de alterayuda para incongruentes XVII

Es la primera vez que usted tiene un sueño agradable desde agosto de 1990. Usted -un poco asustado- permanece de pie al lado de la cama mirando fijamente a su esposa dormida. Usted intuye que puede ser un día horrible, que algo vendrá a cobrarse los costes de todo este asunto. Y si no algo, alguien; usted mismo. Usted -de pie al lado de la cama- se recuerda sentado en el borde de la piscina con su primera novia. Su esposa todavía duerme mientras usted sonríe. Su primera novia le sonríe a usted desde el agua. Al otro lado de la piscina sus amigos juegan a rescatar objetos del fondo. Sin duda Julio es el mejor en eso, todos lo saben. Su novia le salpica y le sonríe. Su esposa, respira, respira profundamente y le sonríe dormida desde el agua. Hace calor y su novia le salpica desde la cama. Usted sigue sentado en el borde de la piscina mirando fijamente a su esposa dormida. Allá, al otro lado, Julio agita victorioso sus gafas de bucear. Su esposa salpica a Julio, quizás también le sonríe. Es agosto de 1990 y usted tiene por fin un sueño agradable desde aquel de noviembre de 2014.

29 de octubre de 2014

Usted. Manual de alterayuda para incongruentes XVI

Usted se ha enamorado. Usted no se había enamorado antes y no sabe cómo actuar. Usted se pone nervioso y suda. Suda pensando que suda y que a nadie le gusta la gente que suda. Usted, que nunca ha querido que le quieran sino simplemente que le echen de menos, se siente un poco ridículo haciendo todas esas cosas que sólo ha visto hacer a otros, a otros idiotas, a otros idiotas en películas. Sus referentes de conducta compran flores e invitan a cenar. Siempre funciona. Y vino, siempre vino; importante la cuestión del vino. La cena está casi lista. Abrumado por el ritual de cortejo usted abre una botella -ha comprado más- con la esperanza de relajarse un poco y dejar de sudar. Usted se acaba la botella. Usted tiene calor, será el vino. Usted se lava la cara y los dientes. Usted da vueltas por la casa, usted se sienta en el sofá, usted necesita aire. Antes de bajar a la calle usted consulta -por si acaso- el horario de trenes. Usted pasea durante una hora más o menos. Nadie suda en la calle, sólo usted. Aunque se ha hecho un poco tarde, usted todavía está a tiempo de coger el último tren y huir. Usted -sudado, sudando- corre hasta la estación y se sube al tren. Ya en su asiento, usted se relaja y deja de sudar por fin. Usted sonríe. Sonríe sabiendo que lo echarán de menos hasta el día de su gran cita, su gran cita de la semana que viene. Y es que la cena está casi lista, ha comprado flores y vino; importante la cuestión del vino. Es probable incluso que a usted le de tiempo a coger el último tren de vuelta. Usted se pone nervioso y suda.

22 de octubre de 2014

Un suceso. El principio del fin de la referencialidad opaca IX

Sucedió cuando todo estaba bien. Fue precisamente cuando todo estaba bien que Eva decidió contraer matrimonio con un enfermo imaginario. No con un enfermo imaginario cualquiera, sino con la peor clase de enfermo imaginario que ha sido registrado por los archivistas de la IIIA. Esa clase de enfermo imaginario al que le duele todo. Y todo es sólo casi todo, casi todo y lo que no es todo sino un poco más. Casi todo y el alma. Y eso sucedió cuando todo estaba bien. 
Lo peor de cuando todo estaba bien era Amelia. Y es que a Amelia le gustaba prescindir de la ropa cuando todo estaba bien: -Estado de naturaleza -decía- Estado de Naturaleza. Y yo, que nunca entendía eso de “Estado de Naturaleza” sabía que todo dejaría de estar bien en ese preciso momento. Decidí -demasiado tarde- llamar a este suceso El temible traje del Emperador. 
Lo peor después de Amelia era Ángela. A Ángela le gustaba beber cuando todo estaba bien. Le gustaba beber y vomitar desde ventanas ajenas para que los gatos maullasen y se alimentasen de los restos de algo que nunca consideró como propio. Decidió ella -que no yo- llamar a este suceso El gato delator. 
Después de Amelia y Ángela estaba Amanda; Amanda que sólo estaba cuando todo estaba bien. Y todo -que es sólo casi todo- dejaba de estar bien cuando estaba Amanda. Casi todo y el alma. Casi todo, el alma y yo. Casi todo, el alma, Amelia, Ángela y yo. Amanda que sólo estaba cuando todo estaba bien era algo distinto a un suceso. 
Y fue precisamente cuando todo estaba bien, cuando estaba Amanda, que Eva decidió contraer matrimonio con un enfermo imaginario, con la peor clase de enfermo imaginario que ha sido registrado por los archivistas de la IIIA, con mi hermano Alberto. Con mi hermano al que le dolía todo. Y todo era sólo casi todo, casi todo y lo que no es todo sino un poco más. Casi todo y el alma. Casi todo, el alma y yo. Casi todo, el alma -que no la suya-, Amelia, Ángela, Amanda y yo. Todo estaba bien cuando Eva decidió contraer matrimonio con un enfermo imaginario, un enfermo imaginario al que dejó de dolerle todo cuando todo es todo y no casi todo.

14 de octubre de 2014

Usted. Manual de alterayuda para incongruentes XV

Usted se encuentra casualmente con un viejo amigo de la facultad. Su amigo le dice que usted está igual, que conserva la sonrisa de entonces; la misma. Usted piensa que él definitivamente no.
Usted observa mientras él habla; él habla mucho, demasiado. Demasiado de su mujer, de sus hijos, de su trabajo, de sus viajes, de sus lecturas más recientes. Usted observa mientras él habla; él habla mucho, demasiado. Usted observa mientras él habla, observa pero no escucha.
Su amigo le invita a un café y usted acepta porque usted no habla ni escucha, usted sólo observa.
Tras un buen rato su amigo -probablemente harto de su silencio- le mira fijamente a los ojos y le pregunta qué ha visto durante todos estos años; porque a usted no le pasan cosas, usted sólo observa las cosas. Usted, abrumado por la pregunta se disculpa para ir al servicio. Una vez allí, usted siente unas ganas terribles de cagar. Lo hace. Justo antes de tirar de la cadena, usted -como de costumbre- se detiene un momento a observar su propia mierda. Tranquilo pero sin ganas de lavarse las manos, usted sale del servicio y paga la cuenta. Usted considera que con las manos en ese estado es mejor no despedirse de su amigo.

Días después, usted lee un artículo en el periódico que afirma que tan sólo el 17% de la población dedica una mirada a sus deposiciones, un pequeño detalle que puede salvarle la vida ante un posible cáncer de colon.
Sentado en su sofá usted se siente orgulloso de ser un gran observador, de pertenecer a esa minoría que es capaz de mirar directamente su propia mierda sin que le entren arcadas.

1 de septiembre de 2014

Usted. Manual de alterayuda para incongruentes XIV

De un tiempo a esta parte usted se empeña en encontrar satisfacción en el desajuste entre sus Ideas y todo lo supuestamente externo a ellas.
En su humana necesidad de imponer un poco de orden al afuera, usted (que a veces se cree Hegel), considera que es precisamente el desajuste lo que conforma su Idea y no más bien eso categorizado que usted percibe por los sentidos.
El desajuste se convierte entonces en su particular modo de luchar contra el normal, incómodo y aburrido anticaos objetivo propio de las cosas. El desajuste -que abre un abismo inevitable- aparece entonces como auténtica Realidad; como proyecto, como Belleza.

Es por todo esto que Usted y su -preciosa por desajustada- Idea de “verano” nunca llegan tarde y han sobrevivido -felizmente y una vez más- al siempre inexistente verano efectivo.

29 de junio de 2014

Introducción al matriarcado. El principio del fin de la referencialidad opaca VIII

Dos días antes de la boda de la tía Piedad, la abuela se puso de parto. Todos los demás habían subido a segar. 
Hacía calor y la cuarta hija de Isabel también fue una niña. Consciente de su desgracia, tuvo que contar cómo venía del revés, cómo no supo darle la vuelta.
Por suerte para ellas, todos los demás habían subido a segar temprano. 

22 de mayo de 2014

Usted. Manual de alterayuda para incongruentes XIII

Hace ahora casi veinte años que usted se ha licenciado.
Usted -que siempre ha tenido muy buena memoria- recuerda con precisión las preguntas del último examen de su carrera, la comida posterior, sus compañeros al final de la mesa.
Hoy que apenas mantiene contacto con la mayoría de esa gente, intenta descubrir si todo aquello que recuerda de un modo impecable le importa lo más mínimo.
Usted y su buena memoria saben también que era nueve de julio, que hacía sol a pesar de Mamã Alicia que juraba que en Galicia llueve todo el tiempo. Y es porque usted siempre ha tenido muy buena memoria que quizás aquello no era Galicia porque Galicia es donde llueve todo el tiempo. Y si no Galicia quizás tampoco Aristóteles y aquellas preguntas; ni sus compañeros, ni aquella mesa al final, ni siquiera usted ni le importa.

12 de febrero de 2014

Usted. Manual de alterayuda para incongruentes XII

Usted ha vuelto a tener una de sus pesadillas recurrentes. 

Usted -consciente de que no volverá a pegar ojo en toda la noche- considera que la mejor opción es no intentarlo y dedicarse en exclusiva al lamento. Usted llora en silencio durante un buen rato.

Usted -aburrido de sus propios sollozos- decide aprovechar mejor el tiempo impertinenciando a sus compañeros de piso que todavía descansan. Usted sabe que sus técnicas son lo suficientemente sutiles como para no levantar sospechas. 

Usted, que ha conseguido por fin que le presten la atención necesaria, pide a sus compañeros -completamente desvelados- que no hagan mucho ruido, que usted quiere dormir.

29 de enero de 2014

Usted. Manual de alterayuda para incongruentes XI

Usted -intencionadamente ajeno a su total falta de voluntad- se dispone, como siempre, a tomar medidas. 

Usted -con la ilusión de encontrar por fin cierto orden- decide levantarse temprano, evitar a ciertos amigos y salir a correr después del trabajo.

Usted -harto de sus hábitos dispersos- se compra una agenda y escribe con mayúsculas su nombre completo en la primera página. Usted lee en voz alta su nombre completo escrito con mayúsculas y repite la operación un par de veces.

De repente, su nombre le parece una mierda.

5 de noviembre de 2013

Usted. Manual de alterayuda para incongruentes X

Usted sospecha que se ha hecho mayor. Aunque usted lo sospecha prefiere no creérselo todavía. Es por este motivo que usted no considera necesario cambiar sus chistes, sus intereses, sus rutinas. Es por eso su incoherencia física, su mal humor, su cansancio. Es por eso y sólo por eso que sus amigos tienen siempre la misma edad.
Usted -que no piensa tomar medidas con su incongruencia generalizada- decide aprender a culpar a los otros demasiado jóvenes, a los otros demasiado vivos, a los otros demasiado inexpertos y continuar imponiendo sus resentidos a prioris a todo lo que le rodea.  

Usted, que sospecha pero no cree.      

29 de octubre de 2013

El pelo y el tiempo. El principio del fin de la referencialidad opaca VII

Aquel día mi compañero de piso no se pudo peinar. Le faltó tiempo. Justo antes de irse intentó culparme por ello. No le creí. No le creí y ese fue mi error. Fue mi gran error durante más de nueve años. Nueve años dedicados a entender la naturaleza, la falta y la pérdida de tiempo. Siete años dedicados a la perspectiva y a la posibilidad del eterno retorno.

El caso es que todo ese trabajo fue distanciándonos poco a poco (en el espacio que no en el tiempo), y un buen día mi compañero de piso simplemente dejó de serlo. 
     
La última vez que lo vi todavía llevaba el cepillo en la mano.

22 de octubre de 2013

Usted. Manual de alterayuda para incongruentes IX

Usted recibe una llamada de madrugada, es su amigo Mateo. Le llama para comunicarle que su hermano pequeño -el de Mateo que no el suyo porque no lo tiene- ha muerto. Usted, que carece de empatía, no sabe cómo afrontar la situación. Todavía al teléfono y a modo de ejercicio, trata de imaginar que el muerto es su propio hermano pequeño y no el de Mateo. Usted se pone a llorar. El llanto es corto. Y es que en el fondo usted sabe que el muerto es el hermano pequeño de Mateo y no el suyo porque no lo tiene. Es un alivio para usted. Mateo le cuenta entonces los pormenores, las causas de la muerte, el protocolo del funeral. Usted, que ha dejado de escuchar hace un buen rato, empieza a sentirse incómodo con la llamada de Mateo; ofendido incluso. Usted quiere colgar. Usted quiere colgar ahora. Tiene que levantarse temprano y asistir a un funeral por la tarde. Usted no se encuentra bien y necesita dormir. Mientras se despide, usted piensa cómo habría reaccionado su hermano pequeño -el suyo que no tiene y no el de Mateo que está muerto- en un momento así.

15 de octubre de 2013

Anfibios e ilustrados. El principio del fin de la referencialidad opaca VI

Lo sabía. No debí, fue curiosidad. Quise entender sus motivaciones, nada más. Sé que no debí, pero fue la curiosidad. Prometí no volver a hacerlo y no lo haré. Sucedió una vez, simple curiosidad. Problema de la finitud aparte, la peor pérdida de tiempo: un relato hortera con decididas aspiraciones poéticas o el lugar donde cobra sentido la línea que debe separar lo público de lo privado. Una línea -todavía demasiado delgada para algunos- que a modo de viernes santo especulativo debería llamarse Hegel

2 de septiembre de 2013

Gótico Americano. El principio del fin de la referencialidad opaca V

Está ese cuadro de Grant Wood -Dinner for Threshers- en el que mi tía Aurora decidió instalarse durante la mayor parte de su vida. Un rural limpio y ordenado en el que las mujeres servían y sólo servían; lejos -allí- en el Medio Oeste. 
Fue por eso que Aurora nunca tuvo hijos.

Estaba también Consuelo.

Cuando mi tía Consuelo dio a luz a su tercera niña lo hizo pensando que todas ellas serían por fin hijas de la revolución. Hasta el día en que la enterramos, ella -y sólo ella- consideró que aquello era posible.

Y veinte años más allá de todo estaba mi madre, una especie de huésped dudoso e inesperado. 
Afortunadamente alguien había inventado para ella el blanco y negro.        

29 de agosto de 2013

Cuestiones de gusto

Nos acercamos escépticos hasta el Centro Galego de Arte Contemporánea. En realidad no nos acercamos, estábamos cerca. Ellos fueron a patinar -buena zona dicen- y yo a mirarlos. 
Subimos antes hasta esa casa que está detrás de Bonaval. Pasó un turista italiano preguntando si había salida por allí. 
Al entrar les requisaron los patines. Había una mesa con material de laboratorio y patatas de Coristanco. Después patatas de Coristanco con cables flotantes, patatas de Coristanco en estanterías, patatas de Coristanco sobre placas de Petri. Patatas de Coristanco. Y de repente Clearblueskydeepdarkwater o una sala vacía con ciento noventa y nueve canicas esparcidas por el suelo. Y se puede tocar, y se puede jugar y no entiendo nada pero me gusta. -Pensaba que esto era un museo y me olvidé-. El museo desajustado y Hegel que diría "peor para lo real". 
Entre la importancia -o no- de preservar lo aburrido a ellos les devolvieron los patines y nos fuimos a comer.

Comiendo me acordé de Marshall McLuhan como pude acordarme de cualquier otro. Decía McLuhan -entre otras muchas cosas- que a algunos les gusta caliente y a otros les gusta fría. Eso decía Marshall McLuhan sobre la guerra. La verdad es que yo lo prefiero todo caliente, sobre todo las patatas, sean o no de Coristanco.

23 de agosto de 2013

Usted. Manual de alterayuda para incongruentes VIII

Usted -que ha sido siempre precisamente usted por no haberlo sido nunca- ya no tiene excusa ahora que le han otorgado existencia efectiva al Área 51

11 de agosto de 2013

El año en que empezó la guerra.

Hace unos días leía en El País que el pasado miércoles siete de agosto murió en la cárcel Michael Mastromarino. Michael Mastromarino robaba cadáveres. Si bien un cadáver legal desguazado cuesta alrededor de los doscientos mil dólares, Michael -que los compraba por mil- los vendía a diez o quince. Cuestiones de salud, edad e higiene.
Dado el margen de beneficio por cadáver (entre nueve y catorce mil dólares) pensé que quizás debería dedicarme a trabajos más manuales. Tres cadáveres al año. Pensé también en el estado de naturaleza, en cómo todo lo que he aprendido -básicamente a respetar la norma- no me serviría de nada en un estado de naturaleza. Pensé en Maquiavelo, también en Hobbes, en la guerra y en Rafa. Rafa siempre dice que debemos prepararnos, que la guerra empezará el año que viene. Él sabrá. Yo por el momento he dejado de leer el periódico los domingos.   

30 de julio de 2013

Accidentes geográficos IV

El día que enterraron a mi madre se nos estropeó la tele en casa. Aunque yo no pude verlo, algunos me comentaron que todo había salido según lo previsto.   

20 de julio de 2013

Segundo premio. El principio del fin de la referencialidad opaca IV

"Existe, desde luego, un hospital al que puede retirarse con honor cualquier poeta malogrado como yo: la filosofía".

Fiedrich Hölderlin.

Una pena que sea la realidad efectiva -y no la cabeza- la que ofrece segundas oportunidades.

9 de julio de 2013

De verano. El principio del fin de la referencialidad opaca III

Aquel verano -que fue verano a pesar de la insistencia de los meteorólogos franceses- los heladeros se pusieron en huelga. Fue aquel verano que fue verano cuando dejé de relacionarme definitivamente con adultos; cuando empecé a fumar a escondidas, cuando me dejé bigote.

Fue aquel verano, que fue verano a pesar de la insistencia de los meteorólogos franceses. 

24 de junio de 2013

La dolce vita

Solíamos llamarle niño burbuja, no porque el mundo fuese capaz de hacerle daño, sino porque nunca había conseguido estar en él. Pensábamos entonces -pequeños o simplemente ingenuos- que, a pesar de sus rarezas, era un profesor inofensivo. 
Pero eso fue entonces. 

***

Hace unos años irrumpió en el despacho de becarios ofreciéndome ayuda. Durante un tiempo mantuvimos una relación estrictamente laboral que nos beneficiaba a ambos: yo hablaba, él tallaba. 
Finalizado el contrato, preparé mi marcha. 
Tras meses sin saber el uno del otro, sonó el teléfono. La crisis -con sus sobres y sus consecuencias- volvió a unirnos: yo no tenía trabajo, él demasiados. 
Fue casi un año: yo ordenaba, él abrillantaba. 
Y cuando yo ya me veía -como Anita- chapoteando y gritando en la Fontana di Trevi, él consiguió clavar por fin su cátedra al suelo. Y entonces la crisis -con sus sobres y sus consecuencias- nos separó definitivamente.
   
Aunque ya no nos vemos, alguien me ha dicho que ahora practica la zoofilia.    

16 de junio de 2013

Accidentes geográficos III

Llevo casi veinte años aquí. 
Me aterra la posibilidad de confundir -cualquier día- el viaje de ida con el de vuelta.

9 de junio de 2013

Usted. Manual de alterayuda para incongruentes VII

Seguramente usted ha hecho el imbécil en más ocasiones de las deseadas. Aunque usted haya jugado durante demasiado tiempo en la liga de la imbecilidad absoluta, no se altere, eso no significa que usted sea el imbécil definitivo.

En caso de duda usted debe saber que a un completo imbécil no le importa ni hacer ni ser, tan sólo parecer.

6 de junio de 2013

Vivir a la sombra. El principio del fin de la referencialidad opaca I

Si uno está en Venecia y quiere tomarse un vino, uno debe saber de antemano que allí un vino no es exactamente un vino, sino más bien una sombra. El origen del término técnico ombra no está muy claro ni para los propios venecianos. Puede tratarse de una simple referencia a su color o a sus efectos, puede. Puede ser que, a veces, tomarse un vino sea la única manera de escapar de la luz. Sea cual sea, la verdad será justa y necesariamente sombría; como la suya, como la mía.
Y aunque en principio parezca poco práctica, toda esta opacidad resulta muy ventajosa cuando a uno le gusta mantener sus referentes alejados del otro. Sobre todo de ese otro extraño que recoge tu chaqueta del suelo mientras tomas la sombra.     

4 de junio de 2013

El principio del fin de la referencialidad opaca. Prólogo.

"Mi hermano dormía arriba y yo dormía abajo. Yo soñaba los sueños de mi hermano. Mi hermano soñaba sueños extraños. Y yo los soñaba  la noche siguiente. Mi hermano contaba sus sueños por la mañana. Los contaba mientras desayunábamos. Y yo soñaba por la noche lo que mi hermano había contado. Yo vivía con los sueños de mi hermano. Yo no podía contar mis sueños y tenía que inventar nuevos sueños. Mis sueños inventados siempre pasaban en la vieja casa. Cuando todavía no soñaba los sueños de mi hermano".

Félix Romeo, Dibujos animados.

24 de mayo de 2013

Uno mismo

Un día de 1887 hacia el alba, Ireneo Funes le dijo a Borges: Mi memoria, señor, es como un vaciadero de basuras. Eso le dijo Funes el de Borges a Borges un día de 1887 hacia el alba: Mi memoria, señor, es como un vaciadero de basuras. 
El problema de Funes el de Borges era haberlo recordado todo la tarde en que lo volteó un azulejo y se quedó tullido. Y todo es todo. Demasiado. Todo es basura. Todo es tanto que a uno no le permite pensar.
El problema del doctor P., paciente del doctor Sacks, no era exactamente el de Funes. Al doctor P., el que confundió a su mujer con un sombrero, le gustaba la música. Él era voluntad pura, pero de representación nada de nada.

Problemas aparte, seguir sería fácil si yo también hubiese aprendido a inventar identidades en la cabeza de los otros.

17 de mayo de 2013

Touporroutou a onde vas nena? Touporroutou a onde me peta

- Lo siento, pero eu aprendín a falar así, a medias. A decir adiós, a ter morriña. 
- ¿Y cuándo se dio cuenta usted de que aquello que oía eran cosas distintas?
- A primeira vez que fun votar.

12 de mayo de 2013

Pequeñas comedias

Dada su naturaleza anticipatoria, la primera frase está siempre demasiado cerca de la muerte. 
Todo lo que usted puede escribir después de ella es tan sólo un modo particular de alejarse del abismo.